El polémico imperio de Tompkins

Fuente: www.eldia.cl (DF), lunes 24 de julio de 2006.

“Es que estoy de administrador de Douglas Tompkins”, se justifica entre risas un lugareño de Río Baker, ubicado a unas cuantas horas al sur de Coyhaique en la Región de Aysén. Su ironía, que alude a su nuevo poncho, revela lo impregnado que está el magnate en el paisaje de esa zona del país, donde se extienden sus ya afamadas propiedades: el Parque Pumalín y la Estancia Chacabuco.

Nadie queda indiferente a su nombre ni a su accionar. No hay términos medios para con el estadounidense. Casualidad o herencia de la inicial de su apellido, en un extremo se le reconoce tenaz y talentoso; y, en el otro, testarudo y temido. Más que por su persona, la reacción de amor y odio obedece básicamente a sus polémicos proyectos ecológicos.

Amor y odio del que hablan las cartas que destacan la labor de Tompkins en Pumalín, las que son publicadas periódicamente en la página web que difunde este sitio turístico; y la existencia de sitios en Internet, que lo desprestigian y lo acusan de atacar la soberanía nacional. En un lado, están quienes valoran que haya rescatado uno de los últimos bosques templados fríos del planeta; y, en el otro, los temores asociados a un proyecto que se entiende autoreferente y, por ende, sin consulta a la comunidad.

Así ha sido desde que en 1991 decidiera comprar las 17.000 hectáreas del Fundo Reñihué, las que mediante adquisiciones posteriores le permitieron alcanzar las 300.000 hectáreas del Parque Pumalín, el que fue declarado Santuario de la Naturaleza en agosto de 2005.

Pero las divergencias no se limitan al sur ni a sus vecinos. A nivel político figuran detractores emblemáticos como el ex gobernador y ex alcalde de Chaitén, José Miguel Fritis; el diputado de la UDI Claudio Alvarado, el senador Antonio Horvath y el mismo ex presidente de la República y hoy senador por la X Región Norte, Eduardo Frei. En la vereda del frente, se encuentran parlamentarios “verdes”, como los senadores Guido Girardi y Alejandro Navarro.

Ni siquiera entre las organizaciones no gubernamentales ambientalistas hay una sola voz. Mientras entidades como Ecosistema, Codeff Aysén, Fima, Renace, Chile Sustentable y Terram, cuentan con el apoyo de Tompkins; otras agrupaciones ciudadanas miran con suspicacia la compra “compulsiva” de terrenos.

Un tema de confianzas
Quizás el propio recorrido profesional de Tompkins sea el punto de partida de las divisiones que generan sus iniciativas. Empresario “reconvertido” -fue dueño de la famosa marca internacional Esprit-, definitivamente tiene dificultad para establecer confianzas. Muchos se resisten a rendirse al dicho popular de “por sus frutos los conoceréis”…Porque si Pumalín es una joya, no necesariamente lo es su proceder. Y la queja de sus detractores apunta a sus propias contradicciones, al espacio que deja entre el dicho y el hecho.
Su historia, de la cual dejó documentos por escrito la sesión especial que la Cámara de Diputados realizó en 2004 al menos así lo constata. En este marco, el integrante de la UDI, Claudio Alvarado, se remitió a la situación que afectó en la zona de Chaitén a Arnoldo Gallardo Báez. Con título inscrito, entregado por el Estado de Chile en 1974, el colono informó que -sin mediar transacción comercial alguna entre él y la empresa de Tompkins-, su predio apareció suscrito a nombre de una de sus firmas. Dada esta situación, se solicitó a la Corte Suprema que investigara el hecho.

Y el diputado fue más allá y afirmó que “la entonces magistrada de Chaitén, a través de Carabineros, citó a colonos a su oficina para solicitarles que vendieran sus terrenos a Tompkins”. Todo esto, sumado a conflictos en tribunales por el cierre de algunos tramos en la Carretera Austral por parte de Tompkins en la zona de Vodudahue y del fiordo Pillán, juicios de expulsión a colonos y controversias con empresas dedicadas a la salmonicultura en la zona, que –dice Alvarado- “él siempre negó, pero que existieron”.

Su visión apunta, además, a que el despoblamiento de las zonas debido a la venta de tierras impactó económicamente al Estado, porque el gobierno invirtió más de $ 500 millones en una escuela con internado en Huinay, que llegó a tener más de 60 alumnos. Hoy hay nueve, a tres de los cuales tienen que llevarlos en lancha todos los domingos desde Hornopirén hasta Huinay, porque no queda ningún poblador. Otro punto: se instaló un retén con seis carabineros para marcar presencia policial y hacer soberanía. “Hoy, esos seis carabineros son más que todas las familias que existen en el sector”, agrega el parlamentario.

Lo más complejo tal vez para Tompkins es que la desconfianza hacia su persona no se limita al sector privado. También entre ciertas autoridades hay recelo. Y éste resurgió en los últimos meses por la idea avanzar en la conectividad de Palena vía terrestre y el megaproyecto de Endesa y Colbún para construir las centrales hidroeléctricas de Endesa en Aysén.

Es que si bien el magnate norteamericano habla poco, en relación a estos dos temas ya expresó su firme oposición, porque ambos involucran cruzar el Parque Pumalín. Lo malo, es que se entiende que hay compromisos puestos por escrito para dar viabilidad a las ideas antes mencionadas.

El documento de acuerdo de diciembre de 2003, que complementó aquel de 1997, estipuló la “necesidad de resguardar la continuidad territorial del país y de mantener la infraestructura vial de la región comprendida en el Parque Pumalín, así como de precaver el futuro desarrollo vial de la zona”.

Y la opinión de la Fundación Pumalín es clara sobre el camino: que no pase por su territorio. Argumentando que sería más rápido y menos costoso, la fundación “se la juega” por el camino costero pese a que no resuelve el aislamiento de Palena, pues implica al menos dos trasbordos. Su presidente Carlos Cuevas señala: “la mejor opción es la costera, porque permitiría conectar el territorio en un año, sin cerrar la posibilidad futura de un camino interior, cuya construcción tomaría por lo menos 10 años, tendría una longitud mayor, un costo 20 a 50 veces superior y un importante impacto ambiental”.

Ecología que divide

Sin duda que la “ecología profunda”, base teórica del proyecto Pumalín, es uno de los aspectos de la personalidad de Tompkins, que mayores reparos y temores genera.

Incluso, la Iglesia Católica ha manifestado sus reparos. En 2000 a través de sus Orientaciones Pastorales, afirmó que “la visión cristiana de la ecología postula la primacía de la ‘ecología humana’, y nos obliga a denunciar los errores de la ‘ecología profunda’, cuando su visión tiende a considerar al ser humano como un elemento más en el universo de los seres vivos y a castigar la fecundidad de los hombres, por considerarlos agresores de la naturaleza”.

Para Alvarado las aprensiones del proyecto de Tompkins residen en sus similitudes con lo que en Estados Unidos se conoce como Wildland Project. Una semejanza coherente con el hecho de que ambas iniciativas se inspiran en la “ecología profunda” y son parte de una estrategia general y de un mismo objetivo general que promueve la Fundación para la Ecología Profunda.

Nada que hacer en este marco, entonces, con centrales hidroeléctricas. Nada que hacer éstas en un espacio como Pumalín, que para muchos es la “perfección”, en el sentido que se han cuidado hasta los más mínimos detalles estéticos y de abastecimiento. De hecho, debe ser uno de los pocos espacios turísticos del país donde se encuentra café en grano o agua caliente en los camping. Y en función de la tranquilidad del entorno, incluso se traduce en que quienes viven en las tierras de Tompkins no pueden tener televisión.

El turístico lobby
Tal vez la “casa isla” en la que funciona la Fundación Pumalín en Puerto Montt, sea el mejor ejemplo de la personalidad del ecologista: Hermosa, pero distante. Con una exuberante vegetación, la vivienda quedó al lado del supermercado Jumbo inaugurado en 2005.

Ironías del mercado que lo fuerzan a no olvidarse de su otro entorno, del ajeno a la naturaleza, con el cual se relaciona principalmente a través de su esposa Kristine Mc Divitt. Dueña de la marca de la exclusiva ropa de alta montaña, Patagonia, ella es clave en su relación con la comunidad, porque cuenta con mayor empatía.

Fue ella quien actuó de “maestra de ceremonia” durante la visita que un grupo de parlamentarios realizó al parque, impulsados por su deseo de “inspeccionar” lo que estaba ocurriendo allá en 1995.

Este trabajo de “lobby” o acercamiento ha sido clave en el proceso de dar a conocer sus proyectos. En ese contexto, en noviembre de 2000, la Comisión de Recursos Naturales, Bienes Nacionales y Medio Ambiente de la cámara baja decidió visitar el parque “motivada en el interés de algunos señores diputados que no habían tenido oportunidad de visitarlo en 1995”, indica el informe del hoy senador Alejandro Navarro. En esta ocasión, asistieron Leopoldo Sánchez, Rafael Arratia y Pablo Galilea. En abril de este año, realizó un tímido acercamiento hacia el mundo empresarial, cuando participó en el seminario medioambiental organizado por el Centro de Estudios Públicos. Pero hoy las relaciones son frías y distantes. A comienzos de julio hizo otro intento y cinco directores de la Cámara Chilena de la Construcción visitaron el parque. Junto a Otto Kunz viajaron los dos vicepresidentes, Juan Mackenna y Daniel Mas; el fiscal, Augusto Bruna y el secretario general, Arturo del Río.

En ese marco, Tompkins habló claro respecto del proyecto Aysén. De acuerdo al informe de la organización no gubernamental Defensores del Bosque, dijo que “es necesario tener un plan energético para el país”, pero la “meta” enfatizó es la estabilidad no el crecimiento. “Chile puede invertir dinero y traer a cinco expertos de Suiza, Suecia, Alemania y California para enseñar a las autoridades a implementar políticas de conservación y sólo entonces plantearse el tema de las centrales para ahora y para veinte años más. La meta es la estabilidad, no el crecimiento. Esa falacia de la economía, que postula un crecimiento infinito, no es compatible con un mundo finito”, sostuvo.

Palabras, que como otras, vuelven a dejar al empresario ecologista en el centro de la polémica, sobre todo por sus reparos con el modelo de crecimiento y por su intención de poner en jaque proyectos emblemáticos del país.-

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