Ñuble electrizado

El río que nace al oriente de los Nevados de Chillán se jactaba de ser un lugar virgen. Pero dos proyectos hidroeléctricos –la central de pasada Hidroñuble y el embalse de Punilla– tienen las aguas de este tranquilo valle revueltas. Sus defensores aseguran que ambos proyectos potenciarán el desarrollo sustentable de la comuna de San Fabián, mientras los detractores plantean que se pondrá en riesgo el último hábitat de los huemules en la zona centro sur.

San Fabián de Alico es un pequeño pueblo precordillerano de poco más de 3 mil habitantes, en su mayoría arrieros y campesinos. En este valle alimentado por el río Ñuble nacieron Nicanor Parra y su hermana Violeta. Su valor ecológico es tal, que en 2011 la Unesco declaró este territorio como reserva de la biósfera. Las aguas turquesa, los bosques esclerófilos y de fondo la cordillera de los Andes, lo convierten en un lugar sobrecogedor muy similar al paisaje de la Patagonia.

Nacido y criado en Santiago, para Juan Ignacio Chianale la vida tenía más sentido fuera de la ciudad. Junto a una decena de familias, partió a vivir a esta comuna de la Octava Región donde todo el mundo se conoce. “Es un pueblito que se autoabastece, rodeado de bosque nativo, una de las zonas más biodiversas de Chile que aún conserva un grado de virginidad”, comenta este médico que ha dedicado su carrera al desarrollo sustentable y, ahora, a una nueva misión: detener el desarrollo de proyectos hidroeléctricos en el río Ñuble los que, a su juicio, “pondrán en riesgo el hábitat de la comunidad de huemules, la única en Chile que no vive en la Patagonia”.

Chianale está preocupado por dos proyectos que se desarrollan en la zona. Uno es Hidroñuble, una central de pasada de 136 megawatts de instalación, y el otro el embalse de Punilla, una de las prioridades en materia hídrica del gobierno de Michelle Bachelet, que contempla la construcción de un muro de 136 metros de alto, más que la Torre Entel. Por eso, lidera el Movimiento Social por la defensa del Río Ñuble, una agrupación que está revolviendo las aguas en el valle y que es un síntoma más de la tensión que se ve en tantas partes del país entre las necesidades que impone el desarrollo y los intereses propios de vecinos y comunidades. Un dilema fundamental.

“La Región del Bío Bío es, por lejos, la que tiene mayor capacidad de generación eléctrica del país, con más de 4.600 MW instalados. Pero hasta ahora, el valle del Ñuble no había sido tocado”, dice Carola Venegas, seremi de Energía
de la Región del Bío Bío.

Río revuelto

“La Región del Bío Bío es, por lejos, la que tiene mayor capacidad de generación eléctrica del país, con más de 4.600 mega watts instalados. Pero hasta ahora, el valle del Ñuble no había sido tocado”, cuenta Carola Venegas, seremi de Energía de la Región del Bío Bío, para quien Chile ha perdido una fortaleza: el desarrollo hidroeléctrico.

En 2013, Eléctrica Puntilla, controlada por la Asociación de Canalistas del Maipo –presidida por Pablo José Pérez Cruz– compró los activos de generación eléctrica del grupo CGE. Entre ellos, una central de pasada en el río Ñuble, la cual en mayo de 2006 presentó su Estudio de Impacto Ambiental a la Comisión Regional del Medio Ambiente de la Región del Bío Bío. Con una inversión superior a los 400 millones de dólares, la central tendrá una capacidad de generación media de 620 giga watts por hora, la cual será aportada al SIC. Una potencia suficiente para abastecer a Concepción y Talcahuano durante todo el año.

En marzo de 2011 obtuvieron los permisos de construcción y los movimientos de tierra partieron en noviembre de 2014. Los trabajos durarán hasta el 2017, año en que debutará la central que contempla la construcción de un canal de aducción de 16 kilómetros de largo que correrá por la ladera del cerro, paralelo al río. Para que el agua pueda ingresar al canal construirán una barrera móvil de 6 compuertas que encausará parte de las aguas hacia el canal mediante una bocatoma, la cual, aseguran en la empresa, resguardará el caudal ecológico necesario para preservar el entorno. La zona por inundar será de 20 hectáreas, las que corresponden a terrenos de la eléctrica o servidumbres ya pactadas.

Vladimir Fuentes tiene un camping con 22 sitios al lado de la central que se está levantando. Su plan era construir un restaurante y piscinas para hacer un complejo turístico a orillas del Ñuble. En la temporada pasada recibió más de 3 mil veraneantes, los que teme no volverán el próximo verano, porque “la chancadora y la ripiera van a estar a 200 metros de aquí. El ruido va a ser insoportable. Además, mi principal atractivo es el río y cuando empiece a operar la central va a correr un hilito de agua”, dice.

Alejandro Gómez, gerente general de la hidroeléctrica, descarta esa afirmación y dice que “es imposible que el río se seque, porque la legislación ambiental defiende el caudal ecológico”. Y es más, explica que, por ejemplo, el verano pasado el caudal total del río era de 16 metros cúbicos por segundo, cantidad insuficiente para echar a andar cualquiera de las turbinas de la futura central, por lo que, a su juicio, los temores son injustificados.

El ejecutivo también aclara que el proyecto no afectará a la comunidad de huemules, ya que “su hábitat natural –y lo hemos estudiado con expertos– está a 1.200 metros de altura y la central en su punto más alto alcanza los 594 metros en la crecida milenaria del río”.

Desde que compraron el proyecto a CGE, Eléctrica Puntilla trabaja con las comunidades. En la empresa aseguran que esta central traerá un período de “vacas gordas” para la comunidad de San Fabián y sus alrededores, ya que en el momento peak de construcción va a emplear a más de 1.000 personas, entre actividades directas e indirectas. Pero la idea es trabajar para que San Fabián tenga un crecimiento sustentable en el tiempo. Para eso, firmaron un acuerdo con la Municipalidad de San Fabián e Inacap para elaborar el Plan de Desarrollo Turístico (Pladetur). El objetivo es que dicha actividad se convierta en una fuente relevante de ingresos y empleo. Un tema que no es menor para esta zona del país: según datos de la Encuesta Casen, la comuna tiene el coeficiente de Gini más alto de Chile, es decir, es una de las que presenta más inequidad.

“Es lógico que toda construcción tiene sus costos, es muy entendible que las comunidades manifiesten algunas observaciones, pero este proyecto no sólo ha traído ruido y polvo. Ha significado empleo. Hay un grupo importante que ve con buenos ojos este proyecto. Muchas familias han tomado esta oportunidad y han construido cabañas para prestar servicios de hostería y hotelería y ésa es una capacidad que quedará instalada en el lugar”, destaca la seremi de Energía de la Región del Bío Bío.

 

Las máquinas de la discordia

Con pancartas y hasta guaguas en brazo, los miembros de “Ñuble libre” se han convertido en fiscalizadores de los camiones que pasan por los caminos rurales, cerrándoles el paso. “Hay puentes que permiten un peso de 6 toneladas y pasan camiones de 60. Por eso dejamos circular sólo a la gente de la comunidad. Incluso hemos sido sacados por Carabineros con escudos”, se queja Chianale, presidente del movimiento, que es asesorado por la abogada Macarena Soler, quien también trabaja en la defensa del río Puelo y participa en las reclamaciones contra HidroAysén. Ya han ingresado cinco acciones legales contra la central para, entre otras cosas, solicitar la revisión de la Resolución de Calificación Ambiental que autorizó la construcción del proyecto.

“A un semestre del inicio de la obra, la empresa aún no cuenta con una ruta alternativa para el tránsito de sus camiones y maquinarias, tampoco han mejorado la ruta N° 31 ni los puentes, como se comprometieron”, aseguran desde el movimiento.

Gómez replica: “Si hubiéramos sobrepasado la capacidad de los puentes, éstos ya se habrían caído”. El ejecutivo dice que, además, la empresa ya construyó un puente en el estero de Las Piedras –con una inversión sobre los 1.300 millones de pesos– y que las maquinarias que exceden el peso son cruzadas por el río. Sobre el mejoramiento de la Ruta N° 31, que es nacional, añade que el atraso se debe a que el “permiso de vialidad recién se nos entregó en abril pasado”.

El 3 de diciembre de 2014, vecinos de San Fabián y miembros del movimiento solicitaron al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) la revisión de la RCA del proyecto. Entre otros puntos, plantearon que el corredor biológico Nevados de Chillán-laguna del Laja fue declarado por la Unesco como reserva de la biósfera en 2011, por lo que “es evidente que las variables ambientales son diversas a las consideradas al momento de otorgar la RCA (2007)”. Desde la empresa, en tanto, aclaran que cuentan con todas las autorizaciones al día.

Con pancartas y hasta guaguas en brazo, los miembros de “Ñuble libre” se han convertido en fiscalizadores de los camiones que pasan por los caminos rurales, cerrándoles el paso.

El fantasma de Punilla

Por muchas generaciones, los sanfabianos han escuchado el rumor, hasta que la misma presidenta Bachelet despejó todas las dudas en su discurso el 21 de mayo del año pasado: “Iniciaremos la licitación, concesión y explotación del embalse Punilla en la provincia de Ñuble para proveer de agua de riego a la zona”. Se trata de un embalse multipropósito, es decir, que además de ser reserva de agua, podrá albergar a una central hidroeléctrica con capacidad de 470 GWh anuales, desarrollado por la ley de concesiones con aportes del Estado, de los regantes y del desarrollador (la futura hidroeléctrica que se instale). El proyecto, que está en plena licitación desde el 30 de marzo pasado, estará emplazado 30 kilómetros aguas arriba de San Fabián.

“El embalse permitirá aumentar la superficie de riego –pasando de 20 mil a 60 mil hectáreas– con la cual, considerando que la actividad agrícola es una de las actividades socioeconómicas más importantes de la provincia, permitirá, entre otras cosas, tener reservas de agua en períodos de sequía y evitar la migración del pequeño agricultor a la ciudad”, explica Eric Martin, coordinador de concesiones del MOP.

Pero al igual que la central Ñuble, el embalse ha despertado la oposición de algunos vecinos, que desde 2012 se manifiestan contra el proyecto. “Van a inundar 1.700 hectáreas, de las cuales 700 son de bosque nativo. ¿Qué va a pasar con todos los arrieros que viven ahí?”, se preguntan los del movimiento Ñuble Libre, para quienes el Estudio de Impacto Ambiental presentado en 2004 y aprobado en 2010 –justo antes de la nueva institucionalidad ambiental– está caduco.

Margarita Letelier, presidenta de la Junta de Vigilantes del Río Ñuble, es de San Carlos, comuna vecina de San Fabián y trabaja en el campo. Asegura que no son más de 40 familias las que viven en esa zona, de las cuales el 50% ya han sido relocalizadas. “Son pocos los que se oponen. Este embalse es lo mejor que nos puede pasar, hay 5 mil regantes que están de acuerdo con este proyecto, muchos de ellos son pequeños agricultores que tienen menos de 12 hectáreas sembradas y la falta de agua es preocupante”, dice.

No piensa lo mismo la alcaldesa de San Fabián, Lorena Cordua, quien decidió ejercer acciones legales contra el embalse. Entre otras cosas, la máxima autoridad de la comuna plantea que el número de familias afectadas no es tal –son más de 100, asegura–, que San Fabián fue declarado reserva de la Unesco posterior a la RCA del proyecto, que hay riesgo vulcanológico evidente y que “existen estudios geológicos que aseguran que después del terremoto, la roca donde se va a emplazar el muro del embalse se fracturó y eso nos preocupa”. Sus inquietudes, en todo caso, no tuvieron eco en el SEA, en la corte ni en el Tribunal Ambiental, por lo que el municipio presentó un recurso de casación en la Corte Suprema, en enero de este año.

“Se ha analizado el riesgo por la actividad del complejo volcánico Nevados de Chillán y, como parte de las obligaciones del concesionario, estará el monitoreo del mencionado volcán y la implementación de un plan de contingencia para disminuir el agua del embalse una vez que se hayan detectado las señales que indiquen un peligro de erupción”, explica Martin.

¿Qué pasará con los huemules de la zona? Martin insiste en que un embalse de esta naturaleza “no afectará directamente el hábitat de esta especie” (ver recuadro).

Para el movimiento Ñuble Libre, ninguna de estas explicaciones son suficientes. Sus representantes viajaron la semana pasada a Santiago para entregarles personalmente a las empresas que participarán en la licitación de la construcción del embalse una carta para que desistan. “Usted incurriría en un grave error, perjudicando los intereses de su empresa, sus trabajadores y sus familias si pretendiera participar de un proyecto tan justamente resistido por los habitantes del lugar que pretende desarrollarse”, dice la misiva que suscriben varias ONG, entre ellas Fundación Terram, Chile Sustentable, la Corporación Puelo Patagonia y Futaleufú Riverkeepers. Una acción que agita aún más las aguas de este tranquilo valle. •••

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Los huemules del Ñuble

Es uno de los mamíferos más desconocidos de la fauna silvestre y está en la “lista roja” de las especies en peligro de extinción. Los expertos plantean que existen entre 1.500 y 2.000 vivos en Chile, la mayoría de los cuales habita en la Patagonia y en la zona de los Nevados de Chillán.

“El que vive en esta provincia es muy arisco en comparación con el huemul de la Patagonia, al que puedes acercarte para sacar una foto. Aquí ni siquiera los han podido adormecer con dardos, porque se dan cuenta de la presencia humana antes de que les disparen”, explica el geógrafo Pablo San Martín, coordinador de la Unidad de Gestión Territorial del Gobierno Regional.

Rodrigo López ha estudiado por años a los huemules y ha tenido la suerte de fotografiar a varios en la zona. El consultor en temas de conservación silvestre y áreas protegidas privadas participó del “Taller del huemul”, una comisión experta para establecer medidas de mitigación y compensación para la especie que se comprometió a realizar el MOP para contrarrestar los efectos del embalse Punilla. Dicha instancia estaba integrada por el SAG, la Conaf, la Codeff, autoridades medioambientales y algunos expertos. El trabajo se realizó entre 2012 y 2013. “Algunos temas se resolvieron, pero otros quedaron en carpeta. Se logró crear una reserva de protección de la biodiversidad de 2.800 hectáreas alrededor del embalse, pero el problema es que tanto la central Hidroñuble como el embalse de Punilla fragmentan el territorio”, dice López.

Los resultados del “Taller de huemules” fueron aprobados por la Comisión de Evaluación Ambiental de la Región del Bío Bío el 30 de enero de 2015. Sin embargo, López asegura que el documento final no fue visado por todos los integrantes de la comisión.

Fuente: Revista Capital – Por Carla Sánchez Mutis

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